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El PND esquizofrénico

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HÉCTOR SAÚL TÉLLEZ HERNÁNDEZ

Mucho se ha hablado del listado de buenas intenciones y de consignas políticas en las que parece haberse convertido la propuesta del Plan Nacional de Desarrollo (PND) que el Presidente López Obrador ha elaborado, de esa forma para muchos no es otra cosa que un pergamino de puntos petitorios que pudiera haber redactado cualquier estudiante promedio que se digne de ser activista dentro de su escuela o universidad, para otros el PND parece ser la culminación de 18 años de experiencias recogidas a lo largo del activismo político del ahora Presidente y la culminación de la llamada época de políticas neoliberales y el cambio de régimen.

Bueno pues me di a la tarea de leer el mencionado documento presentado por la Presidencia, y aquí mis apreciaciones:

Antes que nada para nuestros lectores y solo para matizar el PND debería ser un instrumento que organice el sistema de planeación democrática del desarrollo nacional, que imprima solidez, dinamismo, competitividad, permanencia y equidad al crecimiento de la economía para la independencia y la democratización política, social y cultural de la nación, esto de acuerdo al mandato que dicta el artículo 26 de nuestra Carta Magna, lo que en otras palabras se traduce en la obligación por parte del Gobierno de nuestro país de elaborar un documento rector que plasme y articule todos los objetivos y estrategias del Gobierno para atender los problemas prioritarios e impulsar el desarrollo nacional. En eso se traduce el PND, en los planes y estrategias de un gobierno para generar bienestar y desarrollo -debería ser-.

Dicho lo anterior, el análisis meticuloso del PND enviado por el Ejecutivo Federal merecería varías columnas y comentarios, sin embargo me concentraré en la inverosímil proyección de crecimiento económico, sin menospreciar las asombrosas y ambiciosas metas que se marcan en materia de desempleo y de seguridad, por decir algunas.

Para el Presidente López Obrador ya pasaron sus primeros 100 días de gobierno, tiempo que como todos hemos escuchado ha sido dedicado a la polarización y la denostación pública que llega desde el pulpito de las mañaneras -supongo que como una estrategia política para legitimar sus acciones- tiempo también para hacer realidad varias de sus banderas políticas de campaña como cancelar la construcción del Nuevo Aeropuerto, instruir la construcción del Aeropuerto de Santa Lucía, el anuncio de la Construcción del Tren Maya, poner en marcha las muy cuestionadas consultas populares, ejecutar la lucha contra el huachicol aún con todo y la crisis de abasto de combustible, la desaparición y decisión de dejar sin recursos a las estancias infantiles, todas estas acciones muy controvertidas y cuestionables, que sin duda han alterado entornos económicos, sociales y políticos.

Sin embargo, llega el momento de gobernar, de proponer desarrollo, bienestar, estabilidad económica; y prosperidad a nuestra nación.

Dicho lo anterior, resulta sumamente sorprendente encontrar en el PND una suma de ideas y de deseos, (dice él) basados en los pensamientos liberales de inicios del siglo pasado, si, escucho bien, del siglo pasado, cuando las condiciones de nuestro país eran exponencialmente diferentes, no obstante ese idealismo, es asombroso encontrar un PND lleno de consignas políticas, -ya acabaron las campañas electorales-, cuando lo que se esperaba encontrar por fin era un documento que delineará las políticas públicas, económicas, sociales y culturales que sentarán la base de su proyecto y brindar prosperidad y desarrollo a nuestra nación, pero no, no es así, pues basados en los principios mínimos de medición de metas y rendición de cuentas, este PND carece totalmente para empezar de un adecuado diagnóstico, posteriormente de una estrategia eficaz de ejecución, y finalmente carece de una metodología mínima de indicadores de seguimiento y mucho menos vislumbra las múltiples variables económicas que se pueden presentar en el camino. Para acabar pronto, no responde detalladamente a las preguntas básicas del ¿Porqué?, ¿Qué?, ¿Cómo? y ¿Cómo vamos en el camino? que toda propuesta debe responder. Se le escapa una gran oportunidad al presidente de plasmar por fin un adecuado planteamiento que pudiera dar fin a la incertidumbre y la falta de brújula en su gobierno. Nos deja peor, pero eso sí, el mantiene fielmente su estilo.

Y para no ir tan lejos y tal como les mencione en párrafos anteriores analizar todo el PND implicaría varias columnas, por lo que en líneas anteriores solo comentado aspectos muy generales sobre la carencia de metodología del PND, pero si amerita, en esta ocasión referirme en forma más detallada a las proyecciones económicas que hace el Presidente en su PND, mismas que resultan increíbles y casi imposibles de cumplir, aunque así lo deseáramos al igual que él, y es que no es ser negativo, sino simplemente realista.

Veamos, afirmar que al final del sexenio de la llamada Cuarta transformación se logrará un crecimiento del 6% del producto interno bruto en el País (PIB), resulta una aventura casi imposible y una declaración poco seria del Presidente, para lograr eso deberíamos de crecer al menos en un promedio del 4% por ciento del PIB en cada uno de los 6 años que vienen, ¿imposible?, sí, para ser claros si es imposible y soñador.

Para poner los puntos sobre las íes, estamos ante un PND esquizofrénico, es decir alejado de la realidad, no lograremos ese crecimiento ni el mejor de los escenarios, no cuando las acciones y hechos de este Gobierno han remarcado una política económica de incertidumbre y de falta de incentivos a la inversión y poca claridad para los inversionistas, tan solo hay que ver que la presentación de los resultados que presenta el INEGI marca un raquítico crecimiento de 0.2% de crecimiento en el primer trimestre del año, que comparado con el primer trimestre de 2018 tiene una retroceso de 0.2%, es decir por primera vez en 36 meses se da un retroceso; no cuando hace unos cuantos días la OCDE y el FMI han reducido nuevamente la proyección de crecimiento de nuestra economía de 2% y 2,1% a 1,6% que nos dan ambos organismos, respectivamente, para 2019; no cuando el Gobierno como encargado de dar certidumbre a la inversión se ha encargado de cancelar proyectos; no cuando la inversión del gobierno en infraestructura se basa en el Aeropuerto de Santa Lucía, el Tren Maya, y las refinerías, proyectos insignias que no parecen atraer a la inversión; no cuando el sector productivo del país no se ve reflejado en el PND a través de elementos de visión que incentive su crecimiento; y no cuando no hay innovación en la recaudación fiscal y cuando esta recaudación se destina a políticas sociales de dispendio. El crecimiento económico del país no se crea a través de ideas y discursos, es decir la riqueza del país no se crea a partir de las mañaneras, no, se crea a través de inversión pública y de inversión privada, hoy el panorama se ve adverso para el sector productivo y sin ser pesimista los ideales, no, nos salvan. El Congreso de la Unión tiene una gran oportunidad para corregir la plana, veremos si están a la altura, en especial el grupo parlamentario mayoritario que sirve al Presidente.

 

Héctor Saúl Téllez Hernández

Ex Diputado CDMX

Analista Político

Derecho (UNAM)

Administración Pública (INAP)

Twitter: @hector_saul1

Facebook: Héctor Saúl Téllez Hernández

 

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