Tormenta económica a la vista

Línea Fifí

Martín de J. Takagui

Es lamentable tener que adelantar escenarios adversos para los mexicanos; sin embargo, las cosas no pueden ser diferentes, el panorama, los hechos, los anuncios y las formas, no brindan a quienes analizamos el devenir de nuestro país, elementos de optimismo en futuro a mediano plazo en materia económica.

El presidente Andrés López Obrador hizo una serie de anuncios en torno al rescate de Pemex, inversiones, proyectos, un billón de pesos para el rescate, un plan de negocios de 11 puntos, con todo ello, las calificadoras, esas a las que descalifica el presidente, han anunciado que no es suficiente y que la calificación de su deuda soberana seguirá bajando.

El gobierno de López Obrador ha actuado, no se puede negar, pero actúa en temas taquilleros, en temas que a sus seguidores les endulza el sentimiento, como el combate al huachicol, el combate a la corrupción, la Guardia Nacional, las acciones espectaculares.

En torno a los temas económicos, en cambio, sigue la planeación, no ha entrado en acción y sigue haciendo anuncios, como si estuviera en campaña y no se da cuenta de que han pasado siete meses, pero en realidad su sexenio ha consumido ya nueve meses, porque su administración durará cinco años y 10 meses.

Las decisiones y acciones que, en materia económico-financiera ha anunciado la cuarta transformación, pintan un panorama difícil, son varios los temas que así lo dejan ver y que ha se resienten en la macroeconomía mexicana.

La cancelación del aeropuerto en Texcoco, la construcción del aeropuerto en Santa Lucía, la construcción de la Refinería de Dos Bocas, el Tren Maya, la polémica con los empresarios, el enfrentamiento con las calificadoras, han generado un clima de nerviosismo entre los hombres del negocio y del dinero que veían a México como un país de destino para las inversiones productivas.

Es evidente que la economía se desacelera y que en breve entraremos en un período de recesión, dentro de un año, el gobierno sufrirá por la falta de recursos, pero si las calificadoras reducen la calificación de nuestra deuda soberana, no solamente no tendrá México suficiente dinero, sino que, además, el servicio de la deuda, que es muy alto, será más alto aún.

Y es que hay elementos que nos confirman lo aquí expuesto, como fue la manera en que el secretario de Hacienda y Crédito Público, Carlos Urzúa dejó su cargo de en forma intempestiva pues deja abierta la puerta para pensar que, desde la misma presidencia de la República, el titular de la oficina presidencial, Alfonso Romo detenta conflicto de interés, con motivo de sus inversiones en casas de bolsa y con otros funcionarios.

Para el presidente Andrés López Obrador acusar de corrupción y de conflicto de interés a funcionarios de ésta y de anteriores administraciones, es tan sencillo como decirlo y reiterarlo. Eso es suficiente para acabar con la carrera de un servidor público honesto, como ocurrió con el titular de la Comisión Reguladora de Energía Guillermo García Alcocer, quien al final tuvo que renunciar a su cargo.

Hoy los papeles se voltean y es de esperarse una reacción. Hace una semana, cuando presentó su renuncia el ahora ex secretario de Hacienda habló de conflictos de interés y el fin de semana sale la revista Proceso con la entrevista que le concedió el propio Urzúa, quien se sincera y dice que el conflicto de interés está en la oficina presidencial.

Diputados y senadores de todos los partidos políticos, incluyendo al presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados ya pusieron una demanda ante la Secretaría de la Función Pública para que investiguen a Alfonso Romo.

Aquí la primera prueba de fuego real para el presidente López Obrador en su afán por combatir la corrupción. Los mexicanos queremos ver que haya sanción o por lo menos un cese inmediato de su más cercano colaborador.