Por HHR

Rocha se victimiza y acusa “chayote” para justificar la parálisis del Canal del Congreso

CDMX, 24 marzo 2026.- La comparecencia de Jorge Armando Rocha ante el Comité del Canal del Congreso capitalino no despejó dudas: las multiplicó. Lo que debía ser la presentación de su plan de trabajo terminó convertido en un alegato de victimización, donde el director optó por culpar a los medios —y de paso a reporteros— antes que asumir la responsabilidad de encabezar un proyecto que hoy luce desdibujado.

Ahí, frente a legisladores, Rocha no tuvo empacho en trazar una narrativa que raya en lo preocupante: “hay una presión mediática… algunos medios han tocado formalmente la puerta pidiendo publicidad… y otros han tratado de obtener ‘chayote’ a través de columnas donde hay difamación”.

La frase no es menor. Es, en los hechos, una descalificación generalizada al trabajo periodístico. Una acusación sin nombres, sin pruebas y sin consecuencias legales. Un señalamiento lanzado al aire que, más que evidenciar corrupción, parece diseñado para justificar la inacción.

Porque el problema de fondo no es si existen presiones —eso forma parte del ecosistema político-mediático—, sino cómo las enfrenta quien dirige un medio público. Y ahí es donde Rocha queda a deber.

Lejos de presentar una ruta clara, medible y ambiciosa para el Canal del Congreso, el director se escudó en un entorno adverso para explicar lo que él mismo reconoció: desorden interno, “carga desigual de trabajo” y esfuerzos aislados. Es decir, un diagnóstico que exige liderazgo, pero que él responde con excusas.

Más aún, el tono utilizado en su intervención revela una lógica peligrosa: convertir la crítica en ataque, y el cuestionamiento en presión indebida. Bajo esa narrativa, cualquier señalamiento incómodo puede ser etiquetado como “difamación” o intento de “chayote”. Un recurso conveniente para descalificar sin responder.

El Canal del Congreso no está para litigar con la prensa ni para construir enemigos imaginarios. Su función es clara: informar, transparentar y acercar el trabajo legislativo a la ciudadanía. Y para eso se requiere dirección, no confrontación.

Si Rocha considera que hay medios o periodistas incurriendo en prácticas indebidas, tiene una vía institucional: denunciar. Lo demás es ruido. Y el ruido, en un medio público, es lo contrario a la rendición de cuentas.

Al final, la comparecencia dejó una imagen nítida: un director más preocupado por justificar el entorno que por transformar la realidad del Canal. Un funcionario que habla de presiones externas mientras admite fallas internas, pero sin asumirlas como propias.

Porque acusar es fácil. Gobernar un medio público, no.

Y en esa diferencia es donde hoy se mide —y se exhibe— la gestión de Jorge Armando Rocha.

Por Editor

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