¡Los Ojos de la Capital!
Por HHR

CDMX, 25 de marzo de 2026.- En el Congreso capitalino no hay rumbo, pero sí hay negocio. La improvisación es ley y la incompetencia se paga caro… pero no la pagan ellos, la paga la ciudadanía.

La autollamada mayoría “transformadora” no sólo ha demostrado una alarmante falta de estrategia y planeación, sino que ha convertido al Poder Legislativo en un campo de batalla donde lo que está en juego no es el bienestar público, sino el control del dinero y las cuotas de poder.

Y mientras el discurso oficial repite hasta el cansancio la palabra “austeridad”, en los hechos ocurre lo contrario: despilfarro, opacidad y decisiones torpes. El cierre de oficinas alternas para hacinar a diputados, asesores y reporteros en espacios reducidos no fue una medida de eficiencia, sino otra muestra de improvisación con sello guinda.

Ahora intentan tapar el desastre con una remodelación “exprés” de la Sala de Prensa. Pero el verdadero escándalo no está en las paredes nuevas, sino en los costos inflados. Sobreprecios en materiales, mano de obra y contratos que —según versiones internas— fueron avalados desde la coordinación morenista vía la Oficialía Mayor. Un tiradero de recursos que, como muchos otros, quedará impune.

Pero lo más indignante no es el derroche… es la hipocresía.

Porque mientras desde el poder se lanza la narrativa de los “medios chayoteros”, la realidad muestra otra cosa: el chayote no desapareció, sólo cambió de manos.

En diciembre de 2025, en silencio y sin rendición de cuentas, la coordinación morenista habría autorizado pagos millonarios a medios impresos claramente alineados a su agenda. Periódicos donde casualmente abundan columnas a modo, elogios reciclados y una línea editorial que no critica… obedece.

La fórmula es simple: dinero público a cambio de propaganda disfrazada de información.

Así, quienes hoy señalan con el dedo, son los mismos que reparten el presupuesto. Y quienes gritan “prensa vendida”, son los que financian la narrativa a su conveniencia.

En ese contexto, resultan no sólo irresponsables sino cínicas las declaraciones de Jorge Armando Rocha, quien sin titubeos acusó a reporteros de buscar “chayo”. Lo que no dijo —y debería explicar— es quién está repartiendo los sobres ahora.

Porque aquí el problema no es la crítica. El problema es la simulación.

Y en el Congreso de la Ciudad de México, hoy por hoy, la simulación se paga… y se publica.


Por Editor

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