Daniel Velázquez Ramírez

Analista con enfoque humanista de los grandes espectáculos, especialmente deportivos. Siempre en búsqueda de ser impactado por hazañas humanas e institucionales. Ha sido colaborador en medios de comunicación durante 30 años, principalmente la revista Auto Mundo Deportivo del Grupo Novedades. Amante del enfoque estratégico y el fomento de los valores que acompañan al deporte.

CDMX, noviembre 2020.- Los Cowboys de Dallas fueron el primer equipo de expansión de la NFL y esta temporada presentan en su jersey un parche que recuerda ese 1960 que los vio nacer. Es la franquicia más cara, apreciada y polémica, que ha tocado las máximas alturas deportivas e institucionales a lo largo de seis décadas, pero también ha vivido épocas de penumbra, como la actual. Aunque es impensable cuestionar un legado de gloria, innovación, anécdotas e historias armadas, al amparo del equipo de la Estrella Solitaria en el casco con colores plata y blanco como base y un orgullo que se impregna en la institución y en la mayor afición del orbe.

En el estado de Texas donde todo tiende a ser enorme y el futbol americano es idolatrado, no había equipo profesional a principios de 1960. El grupo de dueños de la NFL no parecía interesarse en esa plaza hasta que surgió la AFL, comandada por un millonario texano Lamar Hunt, quién había visto un incipiente intento en 1952 e intentaría revivir a los fracasados Rangers, con el nombre de Texans. La competencia abrió la posibilidad de que la NFL aprobara la opción de otro magnate petrolero, Clint Murchinson Jr, que ya había intentado ser accionista en Washington, San Francisco y hasta con los Cardenales de Chicago, pero prefería fundar una nueva franquicia en Dallas. Debió hacer cabildeo a través del que sería el Gerente General, Tex Schramm, para obtener los votos necesarios en la convención de fin de año de 1959 en Miami. Los votos que faltaban se tuvieron que alcanzar convenciendo a Wellington Mara de los Gigantes de Nueva York, y a George Preston Marshall de los Pieles Rojas de Washington, a quién forzaron al cederle los derechos recién adquiridos del primer himno de un equipo de la NFL que estaba dedicado a los capitalinos.

Murchinson, con grado de maestría en Matemáticas por el MIT (Tecnológico de Massachussets), tenía una fortuna de origen petrolero, con pozos incluso en España, pero diversificaba sus inversiones en bienes raíces, construcción inmobiliaria, radio, revista y hasta fue parte del origen de los restaurantes Tony Roma. Su franquicia aprobada se llamó Rangers de enero a abril de 1960, cuando cambió para siempre a Cowboys. El draft colegial había pasado y el equipo se construyó con los jugadores que soltaron los otros equipos luego de proteger a sus titulares. El primer año fue catastrófico económica y deportivamente, aunque sentó las bases al formar un cuerpo directivo que sería legendario, con Schramm en la Gerencia General, Gil Brandt en la búsqueda de talento y Tom Landry como Head Coach. Landry era coordinador defensivo de Gigantes, pero vivía en Dallas y aceptó el ascenso. Los tres llegaron al Salón de la Fama y hoy están acompañados en el recinto de los inmortales por 25 jugadores que estuvieron en la franquicia. La historia inició sin victorias, 11 derrotas y 1 empate, precisamente ante los Gigantes de Nueva York. El estadio Cotton Bowl se compartía con los Texans de Hunt y la AFL. Eso duró hasta 1963, cuando Hunt cambió de sede a Kansas City y originó a los Chiefs. La primera victoria ocurrió en la primera jornada de la segunda temporada, ante Pittsburgh, pero todavía no fue época de triunfos.

La primera temporada con .500 fue la de 1965, al año siguiente inició la racha más grande de temporadas exitosas que aún se mantiene, con 20. El sistema de reclutamiento de los Cowboys para lograr construirse fue tan innovador que dio origen al de toda la liga. Todo inició con una famosa computadora IBM 360. Eso les permitió consolidar a sus estrellas como el pasador Don Meredith, el Tacle defensivo Bob Lilly, los apoyadores Chuck Howley y Lee Roy Jordan con jugadores que no iban a ser seleccionados como el velocista olímpico Bob Hayes, el corredor Dan Reeves, un corredor de Yale llamado Calvin Hill o el cadete de la Marina Roger Staubach, que debió hacer servicio militar de dos años antes de jugar para Cowboys.

Otras grandes innovaciones de la época de Clint Murchinson Jr. fueron tener impactantes instalaciones y oficinas propias para el equipo en uno de sus terrenos en Valley Ranch; el aceptar jugar en un día que casi nadie quería, el Thanksgiving, con tal de ser locales y tener exposición mediática anual que empezaba a ser internacional, fomentar precisamente la internacionalización hacia México y toda Latinoamérica al tener transmisiones de los juegos en español; la creación de un grupo de animación profesional cargado de glamur, las famosas Vaqueritas que siguen siendo el sello de la belleza en la liga y la construcción de un estadio sin apoyo municipal, el Texas Stadium en Irvin, que presumía tener un hoyo en el techo para que Dios viera jugar a su equipo favorito y la creación de un Anillo de Honor, que luego se trasladó al nuevo estadio y a las instalaciones The Star.

En el emparrillado se les consideraba el “ya merito”, al perder en 1966 y 1967 en playoffs y final respectivamente, contra los Empacadores de Green Bay del coach Vince Lombardi. El último juego fue conocido como el Ice Bowl y se definió para los verde amarillos en la última jugada. Los dos años siguientes no fueron mejores, siendo eliminados ambas veces por los Browns de Cleveland, cuando vino la unión de las ligas y Green Bay ganaba los dos primeros Super Bowls. Al año siguiente sorprendieron los Jets de Joe Namath en el Super Bowl. 1970 marcaría la primera aparición de Cowboys en el Gran Domingo, pero cayeron ante los Colts de Baltimore en un partido con muchos errores en la única ocasión en que un jugador del equipo perdedor ha sido nombrado el Más Valioso, el apoyador Chuck Howley.

Iniciaba una década de éxitos en Dallas. Se inauguraba el nuevo estadio y el complejo de entrenamiento y oficinas, las porristas dejaron de ser colegialas para usar bailarinas con coreografías profesionales y un diseño de vestuario espectacular que las hace ser “a menudo imitadas, jamás igualadas”. Murchinson fue considerado un dueño ideal, con pocos reflectores y apoyo total a sus directivos. Los Cowboys vencerían a Miami y a Denver en los Super Bowls de 1971 y 1977, pero cayeron ante los Acereros en 1975 y 1978.

Para 1984 seguían teniendo temporadas exitosas sin alcanzar la cima. Los problemas petroleros e inmobiliarios llevaron a la Bancarrota a Murchinson, que vendió la franquicia en unos 90 millones de dólares a uno de los más ricos texanos, H.R. “Bum” Bright, que también se mantuvo en las sombras mientras el equipo iba en declive hasta quedar 3-13 en 1988. Ahora una crisis bancaria le hizo perder a Bright 29 millones y decidió vender la franquicia  por 140 millones de dólares en 1989 a un nuevo rico nativo de Los Ángeles, que fuera corredor en High School y luego liniero ofensivo en la Universidad de Arkansas: Jerral Wayne “Jerry” Jones. Antes de convertirse en magnate petrolero trabajó en los negocios familiares de supermercados, pizzas, seguros y un Rancho-Zoológico llamado Buenavista.

Jerry terminó de demoler la estructura directiva de Cowboys, tomando el puesto de Tex Schramm y corriendo al legendario Tom Landry. Para la reconstrucción trajo a Jimmy Johnson, compañero de Arkansas que dirigía con mucho éxito a los Huracanes de Miami. El primer año fue catastrófico, 1-15, lo que implicaba buena posición en el draft, además de que vendieron al mejor jugador, el corredor Herschell Walker a los Vikingos de Minnesota a cambio de más selecciones y jugadores veteranos. Jimmy conocía bien el nivel colegial y construyó una dinastía alrededor de su pasador novato estelar Troy Aikman. Su primera selección fue Emmitt Smith, que debió renunciar a su última temporada colegial con los Lagartos de la Florida y era considerado pequeño para la NFL; es hoy el corredor con más yardas ganadas de la historia.

El equipo creado en dos años se convirtió en una dinastía que venció en los Super Bowls de 1992 y 1993 a los Bills de Bufalo.  Esta vez el dueño acapara el espectáculo, los puestos directivos y los reflectores; su estilo no permitió las alabanzas a su coach. El choque de egos llevó a la salida de Johnson, mientras Jones contrataba a un veterano entrenador que había conocido en Arkansas y que tuviera sus mejores épocas en Oklahoma: Barry Switzwer.

Con la base heredada, los Cowboys llegaron a la final de la Conferencia Nacional en 1994 y ganaron el Super Bowl en 1995 a los Acereros. Cambios en la disciplina interna y el aburguesamiento general iniciaron un declive del que el equipo levanta esporádicamente para caer en las primeras rondas de postemporada, cuando las cosas van bien. Es un hecho que la afición joven, de menos de un cuarto de siglo, no han visto las glorias de la Estrella Solitaria y la afición que se consiguió en todo el mundo desconoce la sensación de estar en la cima deportiva.

Sin embargo, Jerry ha sido un exitoso directivo para la NFL, participando en los comités que negocian con las televisoras, los contratos colectivos, los permisos para cambios de sede, la construcción de nuevos estadios, los partidos fuera de Estados Unidos, la comercialización de la parafernalia futbolera y todos los negocios que han hecho multimillonaria a la NFL.

Recientemente fue electo al Salón de la Fama como dirigente, a pesar de lo limitado de los éxitos deportivos. Construyó el Palacio de Cristal que se inauguró en 2009 a un costo de 1150 millones de dólares, 475 de ellos aportados por la población de Arlington vía impuestos. Todo es destacado en el inmueble, pero impresiona el par de pantallas gigantes que están a una altura de 90 metros y tienen 1,075 metros cuadrados de superficie. Desde el 2013 se llama AT&T Stadium por razones comerciales. También Jerry Jones construyó e inauguró en 2016 The Star, un impresionante complejo al norte de Dallas en Frisco, que sirve como bunker de los Cowboys, con lujosas oficinas propias y en renta, un par de campos de entrenamiento, uno de ellos es todo un estadio llamado Ford Center, un fabuloso Hotel de la cadena Omni, una torre residencial de 17 pisos, una plaza central llamada Tostitos que está rodeada por memoriales de los 22 miembros del Anillo de Honor en forma de un Paseo de Luminarias y un prodigioso gimnasio con salas de pesas, recuperación, spa, sauna, alberca, cancha de basquetbol y hasta zona infantil, todo con el mayor lujo posible.

A 60 años de su fundación, pagando 2 millones de dólares por adquirir la franquicia, los Cowboys tienen un valor comercial superior a 5,000 millones, siendo la organización deportiva más valiosa del mundo. Para los aficionados, probablemente sería ideal si ese éxito comercial se acompañara de mayores logros en el emparrillado.

¡Felices 60, Vaqueros!