Por NOTICIASCD.MX
CDMX, 16 febrero 2026.- Durante una conferencia para presentar el Informe de Seguridad, la mandataria capitalina, Clara Brugada, afirmó que el robo de vehículos se redujo 35% en términos generales y 53% cuando se trata de casos con violencia. Añadió que el robo a pasajeros a bordo del transporte público cayó 73%, uno de los delitos que más lastiman la percepción cotidiana de seguridad.
El dato más sensible llegó después: una disminución del 20% en personas fallecidas en hechos delictivos.
“Los resultados son transparentes y verificables”, sostuvo la jefa de Gobierno, convencida de que la ruta trazada por su administración empieza a reflejarse en la estadística.
“La estrategia está funcionando”, afirmó Brugada.
La mandataria no sólo defendió los números. También repartió el mérito entre policías, ministerios públicos, personal de fiscalías, áreas de prevención, comunidades y fuerzas federales que operan diariamente en la capital.
El mensaje central fue contundente: el trabajo coordinado está empujando una tendencia positiva y el objetivo es que la población se sienta más segura, no únicamente que lo digan los reportes.
Las cifras contra la calle
Sin embargo, en colonias, transporte y zonas comerciales, la discusión habla sobre incertidumbre de Comerciantes, usuarios del Metro y vecinos de alcaldías con alta incidencia donde siguen reportando asaltos, extorsiones y violencia que rara vez se denuncian.
Es decir, los descensos obedecen a una mejora real o a un subregistro histórico que continúa maquillando el tamaño del problema.
Porque si bien una baja de 73% en robos en transporte sería un golpe de autoridad, millones de capitalinos todavía modifican horarios, rutas y rutinas por miedo.
El reto: que la percepción alcance al dato
La administración capitalina apuesta a que la estadística termine por convencer. Pero en seguridad pública, la confianza no se decreta: se construye en la experiencia diaria.
Si los números son tan sólidos como se presume, el siguiente paso será que esa reducción se traduzca en algo simple y poderoso: salir a la calle sin sentir que la suerte decide el regreso a casa.
Por ahora, el gobierno celebra. La ciudadanía observa. Y la realidad, como siempre, tendrá la última palabra.
