• En su más reciente artículo publicado en FORBES México, la especialista hace un análisis de la situación de las empresas transnacionales que evaden impuestos y cómo afecta esto a la economía nacional

En un mundo donde la globalización económica se encuentra más integrada que nunca, hay un clamor social que dice que urge que las empresas trasnacionales instaladas en nuestro país paguen impuestos, así lo considera Brenda Calderón Ovando, antropóloga, periodista y especialista en temas políticos, económicos y legislativos.

No obstante, puntualiza la especialista, para el usuario de la banca nacional ¿es imperante este clamor? ¿Para el ciudadano de a pie es importante? ¿Para las chicas y chicos que ahora mismo están haciendo Tik Toks y para los estudiantes es importante? ¿Para los médicos y enfermeras que valientemente combaten el Covid-19 en México es importante? ¿Qué beneficios y opciones tenemos? ¿Por qué urge que las empresas trasnacionales paguen impuestos?

De acuerdo con Brenda Calderón en su más reciente artículo publicado en FORBES México, no pagar impuestos, o evadir impuestos, hablando de las trasnacionales que no pagan, mancilla directamente la salud y la educación; el monto de los impuestos que no son captados por México, repercute con un costo social, la evasión es equivalente a una cuarta parte del gasto público en salud o a 15 % de los recursos destinados a la educación pública, por otro lado, la pérdida de ingresos tributarios de México equivale a 6.4 % de los ingresos totales del fisco y, comparativamente, sería suficiente para pagar el salario de 581 mil 500 enfermeras y enfermeros, según el reporte, titulado El estado de la justicia fiscal 2020; La justicia fiscal en tiempos de Covid-19. Estudio realizado por la Alianza Global para la Justicia Fiscal en 2020.

Para Calderón Ovando, la cada vez más integrada economía global, con sus corporaciones internacionalmente integradas y sus redes comerciales, sus mercados financieros globales y su capital organizado globalmente, está seriamente minando la capacidad de los estados tradicionales para regular los mercados, redistribuir el bienestar y proteger a los sectores más pobres y vulnerables de la sociedad.

No es posible y tampoco es deseable intentar detener el proceso de progreso tecnológico e integración que pone en marcha la globalización. Sin embargo, existe una necesidad urgente de fortalecer el papel de las políticas públicas democráticamente legítimas para hacerle contrapeso al capital, al igual que crear una economía mundial más equitativa e incluyente

Otra arista de la globalización es el masivo movimiento de capitales sin ninguna restricción ni aportación para la población mundial. En este contexto, es necesario contar con una nueva facilidad financiera internacional y un régimen tributario internacional para incrementar la asistencia al desarrollo, financiar servicios públicos globales y regular la economía globalizada.

Los objetivos a perseguir deberían ser la financiación del desarrollo y de los bienes públicos globales. Esto implica el establecer, en el marco de los acuerdos internacionales, una lista de «bienes esenciales», como los llama el economista Amartya Kumar Sen (economista indio de etnia bengalí. En 1998 fue laureado con el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel); Deberá entonces adelantarse un especial esfuerzo en el nivel internacional para proveer estos bienes a las personas de aquellos países que actualmente presentan la escasez más aguda como México (lamentablemente).

Un número de áreas deberían tener prioridad inmediata: capacitación, atención en salud, transporte, comunicaciones, nutrición, agua y energía. En varias de estas áreas ya existen organismos progresivos o programas, pero los recursos actuales son insuficientes.

Propuestas
Desde mi reflexión veo dos caminos:
1. Un balance entre las fuerzas del capital y el mercado globales con la política pública a nivel global.
2. Una mayor igualdad con el objetivo tradicional de la socialdemocracia; podría realizarse entonces de una nueva forma y ayudar a reducir las desigualdades globales.

Estas nuevas políticas, administradas por instituciones internacionales transparentes y democráticas, significarían un mundo que, lejos de rechazar la globalización, se ha puesto a la altura de sus desafíos y ha resuelto beneficiarse de sus efectos positivos al decidir gobernarla y ponerla al servicio de todas las personas del mundo. Para tales fines podrían preverse varios tipos de impuestos:

• Una así llamada sobretasa de globalización sobre los ingresos netos de las compañías. La implantación de un impuesto como este no amenazaría la soberanía fiscal de los estados. Conduciría a un proceso de armonización que podría comenzar en la Unión Europea. Es necesario evitar las distorsiones de la competencia que podrían entorpecer su implementación si no se coordina la introducción de este impuesto. Esta sobretasa, que podría fijarse en un nivel de 1 o 2 puntos, produciría a priori una suma equivalente a la asistencia al desarrollo público.

• Un Impuesto Tobin o gravamen a las transacciones en el mercado financiero. Durante la década de los ochenta el Impuesto Tobin se convirtió en un símbolo del deseo de reclamar a los mercados financieros la pérdida del control democrático. Sin embargo, un Impuesto Tobin implicaría la reorganización de los mercados. Habría todavía una distorsión de la competencia, así como una reducción de la base tributaria. Un impuesto sobre los movimientos especulativos de capital en las transacciones en el mercado financiero significaría la introducción de una viscosidad en el intercambio financiero, incluso en caso de que su viabilidad en el nivel global siguiera siendo problemática. La volatilidad de los mercados financieros puede conllevar desplazamientos y cualquier sistema de esta índole requeriría de un acuerdo amplio, respaldado por fuertes sanciones contra los estados que no adhieran.

• Un impuesto al CO2 o ICA (Impuesto al Carbón Agregado). El cambio climático es por sí mismo prueba de la relación entre las emisiones de CO2 y la calidad de la atmósfera compartida por todos en este planeta. El nexo entre un impuesto sobre el CO2 y la asistencia al desarrollo es, sin embargo, sólo indirecto. Más aún, castigaría a ciertos sectores y países más que a otros… La mejor fórmula, en teoría, sería la de un «impuesto al carbono agregado», sobre el modelo del IVA, que tendría menos efectos infortunados que un gravamen directamente aplicado a la producción de CO2. En cualquier caso, sería necesario establecer incentivos para la reducción de emisiones en la fuente, por ejemplo créditos tributarios vinculados a la inversión en ahorro de energía y derechos negociables.

• Un impuesto al armamento. La introducción de este tipo de impuesto no alentaría, por supuesto, una mayor transparencia en el sector. Existiría el riesgo de un incremento en el tráfico de armas si este impuesto se aplicara al comercio. Por otra parte, este riesgo sería mucho menor si el gravamen se impusiera a la producción de armas, que tiende a estar fuertemente concentrada en ciertos países.

• Un Impuesto Solidario sobre el valor del comercio de bienes y servicios. Fácil de recaudar y basado en estadísticas comerciales confiables, este impuesto apuntaría únicamente a recolectar fondos para propósitos de política global, no a desarrollar ninguna función regulatoria. Fijado en un 0.5 % ad valorem, el impuesto hubiera generado 40 billones de dólares americanos en 2001. Con el comercio creciendo todavía más en los próximos años, el impuesto podría fijarse incluso en un nivel más bajo y recoger aún una cantidad significativa de ingresos. Los países más pobres podrían beneficiarse de una tasa todavía más reducida o, de estar entre los más pobres, de una exoneración completa.

Habiendo planteado estas cinco nuevas posibilidades para recaudar ingresos, parece claro que debe considerarse seriamente en primer lugar la idea de una sobretasa, seguida por un impuesto a las emisiones de gases de efecto invernadero y posiblemente un gravamen sobre armamento.

Riesgo moral» o «free riding»
La efectividad de un régimen tributario se ve afectada negativamente por la volatilidad del mercado sobre el cual se impone. Resulta por lo tanto recomendable prever instrumentos tributario creíbles y practicables. Es difícil imaginar cualquier progreso en este campo, especialmente en lo que concierne a gravámenes sobre transacciones financieras de mercado, a regulación financiera y a una fuerte gobernabilidad económica y financiera de carácter internacional, como se describió al comienzo de este documento. Serían necesarias medidas adecuadas para imponer sanciones a los países que practiquen «riesgo moral» o «free riding».

Es debido a esto que la idea de un impuesto a las transacciones financieras especulativas, tan atractiva en principio, no es la mejor estrategia a perseguir en el corto plazo si es que han de lograrse cambios reales y no meras retóricas.

México un hoyo fiscal
Como fuente tenemos la investigación titulada El estado de la justicia fiscal 2020; La justicia fiscal en tiempos de Covid-19. Estudio realizado por la Alianza Global para la Justicia Fiscal en 2020, da datos reveladores como lamentables, cito algunos de ellos:
• A escala global, el reporte establece que el mundo pierde 427 mil millones de dólares de impuestos al año a causa del abuso fiscal internacional.
• De esos 427 mil millones, 245 mil millones –que equivalen a 57 %– se pierden debido a que las empresas trasnacionales transfieren sus ganancias a paraísos fiscales para ocultar las ganancias que obtuvieron realmente en los países en que operan y, por tanto, pagan menos impuestos de los que deberían.
• En el caso específico de México, la pérdida anual es de 9 mil 67.4 millones de dólares. Noventa y uno de cada 100 pesos corresponden a pérdidas por abuso en el impuesto de sociedades, esto es, el que se cobra a las empresas.
• En México las empresas acumulan ingresos por 4 billones 960,000 millones de pesos en 2008, pero apenas pagan 1.7 % en promedio de Impuesto Sobre la renta.

En definitiva no se trata de un mundo de malos y buenos, se trata de justicia social en un mundo donde las reglas no se benefician a las personas y sí a las trasnacionales, que si bien estas empresas dan empleos y mueven positivamente la economía, también tienen una deuda moral con la sociedad y con los países en los que hacen sus fortunas; las corporaciones transnacionales, son actores principales en la economía global y local y deben de una u otra manera ser obligadas a asumir sus responsabilidades sociales y medioambientales.

Evadir, simular o NO pagar impuestos por parte de las empresas trasnacionales daña directamente a la salud, a la educación y a la calidad de los servicios en un país como el nuestro; el clamor social que dice que urge que las empresas trasnacionales paguen el total de sus impuestos es importante  para los chicos y las chicas que ahora mismo están haciendo Tik Toks, para los usuarios de la banca, para los médicos, enfermeras y maestros y para los ciudadanos mexicanos en general; las trasnacionales que evaden, simulan o NO pagan impuestos son el verdadero peligro para México.

*Este texto fue obtenido de artículo publicado por Brenda Calderón en FORBES México.