Por NOTICIASCD.MX
Ciudad de México, 03 marzo 2026.- La alcaldía Azcapotzalco quedó bajo fuego político luego de que la diputada panista Daniela Álvarez denunciara que personal de la administración de Nancy Núñez agredió e intimidó a vecinos que exigían identificación oficial durante un operativo en la colonia Santa Bárbara y acusó a su titular de ser una “hampona por agredir a la gente y tiene que dar la cara no sólo por ese tema, sino otros de corrupción”.
Desde el Congreso local, Álvarez sostuvo que lo ocurrido no puede normalizarse en un Estado democrático. “Si preguntas… te confrontan. Si cuestionas… se incomodan. Si criticas… reaccionan”, afirmó, al advertir que existe una tendencia creciente de intolerancia al escrutinio ciudadano.
La legisladora recordó que el derecho a preguntar y exigir rendición de cuentas no es provocación, sino una garantía democrática. “Preguntar es un derecho y que la autoridad responda es una obligación”, sentenció.
También alertó sobre la asimetría de poder cuando servidores públicos confrontan a ciudadanos. Señaló que esta disparidad puede inhibir denuncias por miedo a represalias administrativas o personales, por lo que exigió protección integral para las vecinas y vecinos involucrados.
Álvarez fue más allá y acusó que no se trata de un hecho aislado, sino de una práctica que, dijo, se repite cuando se utiliza el aparato institucional o incluso tribunales para acallar voces críticas.
En ese contexto, el PAN exigió una investigación imparcial, que no se limite a separar funcionarios, sino que determine responsabilidades en la cadena de mando. “Indigna que el poder se sienta ofendido por la ciudadanía. Indigna que la crítica se vea como ataque”, expresó.
La presión ahora está sobre la alcaldesa Nancy Núñez. La oposición demanda que acuda al Congreso y explique quién dio la orden, por qué el personal no se identificó y qué medidas se adoptarán para garantizar que en Azcapotzalco preguntar no vuelva a convertirse en motivo de confrontación.
El mensaje político es claro: en democracia, la autoridad que se incomoda con la pregunta termina debilitando su propia legitimidad.
