“Reflejo de lo que sucede en México”, violencia en La Corregidora: Alberto García Aspe

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Ciudad de México, 7 de marzo (BALÓN CUADRADO).- Un sinfín de voces –desde exfutbolistas hasta el presidente Andrés Manuel López Obrador, pasando por analistas políticos y deportivos— salieron al paso de los patéticos sucesos en el estadio Corregidora, durante el partido entre Querétaro y Atlas, campeón de la Liga MX, que no cejan de cimbrar a un país de casi 130 millones de habitantes y al resto del mundo. Aunque oficialmente se afirma que fueron 26 heridos –tres de ellos graves–, versiones periodísticas, como MVS, estiman cerca de 50 lesionados.     

“En toda mi vida no había visto en el futbol mexicano algo como lo que sucedió hoy en Querétaro”, escribió en sus redes sociales el exfutbolista Alberto García Aspe, ex jugador de Pumas, América, River Plate de Argentina, Puebla y la Selección Nacional.

Y agregó, en referencia a que la delincuencia organizada controla más del 30 por ciento del territorio nacional –según el gobierno de Estados Unidos– y más de 100 mil personas han fallecido a manos de la delincuencia organizada a la mitad del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador–:

“TERRIBLE Y TRÁGICO. Desgraciadamente, es reflejo de lo que sucede en nuestro país”.

García Aspe es sobrino de Pedro Aspe Armella, secretario de Estado durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari.

Por su parte, López Obrador en la conferencia de prensa de este lunes desde Palacio Nacional lanzó un argumento predecible:

Son “resabios de los gobiernos neoliberales anteriores o de todo el periodo en que se apostó a la corrupción y a la impunidad”.

El mandatario reiteró que la situación merece que su gobierno continúe moralizando al país y atendiendo los orígenes de la violencia.

“Ante estos hechos lamentables, se debe continuar moralizando al país y atendiendo los orígenes de la violencia, las causas, antes, se pensaba que sólo con medidas coercitivas se podía resolver el problema de la inseguridad y la violencia en México”, insistió.

Según él, “eso era relativo porque los gobiernos estaban en manos de la delincuencia”.

Según el diario El Economista, “Barbarie, batalla, motín y baño de sangre”, fueron algunos de los calificativos que la prensa internacional utilizó para describir lo acontecido en el estadio Corregidora la tarde del 5 de marzo.

Ocurrió cuando aficionados del Club Querétaro atacaron a los de Atlas y provocaron una invasión de cancha de los civiles que buscaban un espacio de protección ante la ola de ataques.

El conflicto dio la vuelta al mundo y fue noticia en países como Australia, Suecia, Francia, Italia, España, Argentina, Uruguay, Estados Unidos, Reino Unido, entre otros.

Las notas relatan los hechos criminales y algunos, como el diario español Marca, se cuestionan:

“¿Debe México perder la sede de la Copa del Mundo 2026?”

Responde el diario español Marca:

“La FIFA ha tenido durante mucho tiempo a México como uno de sus principales socios comerciales, ya que fue el primer país del mundo en organizar dos Copas del Mundo, en 1970 y 1986 (…)”

Abunda:

“En 2026, México tiene previsto organizar, junto a Estados Unidos y Canadá, la tercera Copa del Mundo de su historia, sin embargo, varios incidentes han puesto en serio cuestionamiento la viabilidad de darle a este país el honor de organizar tal evento. México ha estado en el ojo del huracán FIFA desde hace varios años por varios factores, todos relacionados con la afición que acude a los estadios”

Para el influyente analista político Julio Hernández, cuya columna Astillero publica el diario La Jornada –rabioso defensor del presidente López obrador–, “lo sucedido en un estadio futbolero de Querétaro muestra de manera salvaje la acumulada irresponsabilidad en el manejo del negocio deportivo socialmente más arraigado”.

Narra:

“El fondo de lo vivido en la capital queretana (y en otras plazas de futbol profesional, aunque no con la atrocidad de este sábado), se relaciona con el manejo turbio que incluye el apoyo y promoción de barras que se convierten en instrumentos de violencia contra los seguidores de equipos contrarios, la preeminencia feroz del sentido de lucro de empresas dueñas de equipos como las televisivas (sobre todo Televisa, históricamente adueñada del mando de la Federación Mexicana de Futbol) y de firmas dedicadas a las apuestas (como Grupo Caliente) y de la irresponsabilidad de autoridades estatales y municipales, en este caso las de Querétaro”.

Ocurre que el dueño de esa Televisora, Emilio Azcárraga Jean, tiene a uno de sus hombres más cercanos, Bernardo Gómez, como parte del consejo de asesores empresariales del presidente de México.

Según Hernández, el futbol profesional “no debe quedar exento de la oleada de reformismos que propone la llamada Cuarta Transformación”.

Recuerda que algunos de los capitales presentes en operaciones futboleras de primer nivel han estado bajo sospecha de lavado de dinero.

“Una hipótesis sobre la violencia sabatina de inmediato habló de grupos del crimen organizado confrontados en el estadio, y también se habla de arreglos oscuros en cuanto a las concesiones en general y en especial del servicio de seguridad privada del inmueble”, opina.

El impacto social de lo que sucede en esas canchas, concluye Astillero, “es de interés público y requiere una reglamentación rigurosa y una vigilancia gubernamental constante y a fondo”.

También La Jornada en su columna semanal– de análisis futbolístico–, que se publica los lunes, analiza que el choque Gallos Blancos-Atlas tenía todos los antecedentes para ser considerado de “alto riesgo”, pese a lo cual hubo un “endeble” despliegue de vigilancia…

Critica:

“El protocolo falló del todo, las juntas previas entre líderes de barras y autoridades civiles y del coso dieron trato normal; es decir, con seguridad mínima. Además, es tarea del equipo local reforzar la seguridad privada al interior y, sobre todo, la ubicación en las gradas de los grupos antagónicos, que en tan lamentable ocasión estuvieron muy próximos”.

Describe:

“Invasión de cancha, familias aterradas con niños corriendo para ponerse a resguardo, hordas de jóvenes en amenazante y desquiciada avanzada, cuerpos desnudos, inertes, recibiendo patadas. El saldo habla de 26 heridos, algunos con traumatismo craneoencefálico en diversos grados, lesiones en rostro y ojos, cuerpos con hemorragias internas. Tres de los lesionados están graves y se teme por su vida, por más que con aire de alivio las autoridades civiles machaquen: no hubo muertos”.

La Liga Mx, rememora, ha rehusado una y otra vez desactivar a las llamadas barras de animación, que en muchos casos son auténtico “refugio de malvivientes o la válvula de escape para jóvenes marginados”.

 Una “bomba de tiempo”, añade, “que explota con los ingredientes de la pasión, de enervantes como el consumo de alcohol que se expende en los estadios, y de rivalidades acendradas. Los clubes han tejido alianzas con esos sectores, a los que de forma disimulada facilitan boletos y hasta viajes, aunque nunca lo admiten.

“El bochornoso suceso da la coyuntura exacta para desvincularse de forma clara y tajante de las barras, pero mientras se habla de fuertes castigos, apenas se contentaron con desempolvar la prohibición aplicada en 2017, que impedía a las barras acompañar a sus equipos en condición de visitantes. El detonante de esa normativa fue la bronca ocurrida en el estadio Luis Pirata Fuente entre fanáticos del Veracruz y la Libres y Lokos.

“Afectado por los sucesos, el entonces directivo Enrique Bonilla aseguró que esos grupos de animación nada aportan al futbol, deberían desaparecer; buscaremos que nuestro espectáculo sea cien por ciento familiar. Esta vez, de nuevo sensibilizados por crudas y brutales imágenes que han dado la vuelta al mundo, el titular de la Primera División anunció un alto al balón en todas las canchas y circuitos, Liga Mx, Femenil y de Expansión, así como una asamblea de dueños urgente para este martes.

Concluye:

“Las posibilidades de albergar la inauguración de un tercer Mundial pueden estar firmes, pero se empañan de nuevo. El balompié organizado de México refleja al exterior incapacidad total para controlar a una afición que está resultando demasiado problemática.

“Esta vez la mácula recae sobre La Corregidora, inmueble mundialista en 1986… Y si en la cancha reinó la confusión, en las rutas cibernéticas fue el caos, la cifra de muertos varió de forma incesante y predomina la idea de que las autoridades ocultan datos reales”.

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