Durante la presentación de los resultados de la etapa previa de la Consulta sobre el Sistema de Cuidados de la Ciudad de México, la diputada Xóchitl Bravo Espinosa, coordinadora de Morena en el Congreso local, reconoció sin rodeos una verdad incómoda: el modelo de cuidados sigue sin entenderse, sin socializarse y, sobre todo, sin repartirse de manera equitativa.
CDMX, 20 enero 2026.- En el Salón “Nelson Mandela” del recinto legislativo de Gante, en pleno Centro Histórico, Bravo Espinosa agradeció el trabajo de las comisiones y de los equipos técnicos, pero su intervención dejó al descubierto las fisuras de un proceso que, aunque ambicioso en el discurso, aún no logra conectar con amplios sectores de la población.
Los datos de la preconsulta, dijo, son claros y preocupantes: por cada tres mujeres que cuidan, apenas hay un hombre involucrado. Una proporción que, incluso bajo un “espectro cerradito” de poco más de tres mil respuestas, evidencia que el cuidado sigue recayendo casi exclusivamente en las mujeres, pese a los reiterados llamados a la corresponsabilidad.

La diputada admitió que uno de los mayores retos del Congreso capitalino es “desmitificar” la idea de que el cuidado es un asunto femenino. Sin embargo, los propios resultados del ejercicio revelan que ese mensaje no está llegando. Más de tres veces más mujeres que hombres respondieron la encuesta, y la participación juvenil fue marginal: apenas 13 por ciento de personas entre 18 y 29 años, un sector que cuida y es cuidado, pero que parece no reconocerse dentro del sistema.
Bravo Espinosa también puso el dedo en otra llaga: la comunicación institucional. Reconoció que el Sistema de Cuidados “no se está entendiendo” y que es urgente traducirlo a un lenguaje accesible, cotidiano, que la gente pueda identificar en su vida diaria. “Todas estamos cuidando”, insistió, al tiempo que aceptó que hoy el concepto sigue siendo abstracto para buena parte de la ciudadanía.

El perfil de quienes sí participaron en la preconsulta también dejó ver un sesgo preocupante: la mayoría se dedica al hogar, mientras que el activismo social fue el sector con menor respuesta. Para la legisladora, esto obliga a acercarse a organizaciones civiles y asociaciones que, hasta ahora, han quedado al margen de un proceso que presume ser incluyente.
Otro punto crítico fue el enfoque territorial. Bravo Espinosa reconoció que las necesidades no son homogéneas y que en alcaldías conurbadas como Tlalpan, Magdalena Contreras o Cuajimalpa, el tema del cuidado está directamente ligado a la movilidad, una variable que deberá reflejarse en la futura ley si se quiere evitar un marco normativo desconectado de la realidad.
Aunque defendió que la preconsulta se diseñó de manera colegiada —con coordinadores parlamentarios, la Secretaría de Bienestar y la Consejería Jurídica—, también quedó claro que el camino hacia la Ley del Sistema de Cuidados está lejos de ser terso. El reto, dijo, será integrar todas las opiniones: de partidos, organizaciones sociales y ciudadanía, en un dictamen que no se perciba como un trámite legislativo más.
Al cierre, la coordinadora de Morena lanzó una reflexión que resume la contradicción central del debate: el tiempo invertido en el cuidado es permanente, simultáneo a otras actividades y, en la práctica, invisible y no remunerado. “¿Cómo se cuantifica o quién nos lo paga?”, cuestionó.
El discurso fue autocrítico, sí, pero también evidenció que el Sistema de Cuidados avanza más en el terreno de las buenas intenciones que en el de los cambios culturales reales. La promesa de construir “la mejor ley” de manera colectiva está sobre la mesa; lo que aún no está claro es si el Congreso logrará que esa promesa deje de ser una consigna y se convierta en una política que la gente entienda, asuma y haga suya.
