Por Redacción

CDMX, 26 enero 2026.- Xochimilco se hunde en la inseguridad. Bajo el gobierno de Circe Camacho, casi siete de cada diez habitantes viven con miedo, una cifra que confirma que la alcaldía se ha convertido en uno de los territorios más violentos y abandonados de la Ciudad de México, pese a su valor histórico, cultural y turístico.

Los datos oficiales desnudan la realidad que el discurso oficial intenta maquillar. La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI, correspondiente al periodo septiembre–diciembre de 2025, revela que 66.2 por ciento de la población en Xochimilco se siente insegura. Es decir, dos de cada tres personas consideran que su colonia, su calle o su transporte cotidiano representan un riesgo constante.

Lejos de ser un fenómeno aislado, esta percepción es el reflejo de una violencia normalizada, de delitos que ocurren a plena luz del día y de bandas criminales que operan sin obstáculos, ante la mirada pasiva de una administración local incapaz —o renuente— a recuperar el control del territorio.

Aunque el indicador mostró una ligera baja frente a septiembre de 2025, cuando alcanzó el 67.6 por ciento, la variación es irrelevante frente a la magnitud del problema. Xochimilco sigue muy por encima de alcaldías con gobiernos que sí han dado resultados, como Benito Juárez, donde solo el 14.8 por ciento de la población se siente insegura, o Coyoacán, con 47.2 por ciento. La comparación deja en evidencia el rezago, la ineficiencia y la falta de rumbo del gobierno local.

Más insegura que el promedio del país

A nivel nacional, la ENSU señala que el 63.8 por ciento de la población urbana percibe inseguridad. Xochimilco supera ese promedio, lo que confirma que la demarcación no solo falla frente a la Ciudad de México, sino también frente al resto del país.

Dentro de la capital, la alcaldía forma parte del bloque con los peores niveles de percepción, junto con Tláhuac (72.3 %), Iztapalapa (71.9 %) y Gustavo A. Madero (65.3 %). Son territorios donde la delincuencia marca el ritmo de la vida diaria y donde la autoridad llega tarde o simplemente no llega.

La inseguridad que se vive, no la que se presume

En Xochimilco, la inseguridad no se mide solo en encuestas, sino en experiencias: asaltos en microbuses, robos a transeúnte, extorsiones a comerciantes, puntos de venta de droga operando abiertamente, calles oscuras, patrullas ausentes y pueblos originarios que han quedado a merced del crimen organizado.

Vecinos denuncian que hay colonias completas donde la ley la imponen los delincuentes, mientras la autoridad municipal se limita a discursos, eventos públicos y promesas que no se traducen en seguridad real. La estrategia de “proximidad social” promovida por Camacho Bastida no ha pasado de ser un eslogan vacío, incapaz de frenar la expansión del delito.

La falta de coordinación efectiva con instancias de seguridad capitalinas, la ausencia de operativos sostenidos y la nula rendición de cuentas han alimentado una percepción clara entre la población: el gobierno local perdió el control.

Un fracaso que daña a toda la ciuda

Xochimilco, símbolo internacional de la Ciudad de México y Patrimonio Cultural de la Humanidad, hoy es también sinónimo de abandono, miedo e impunidad. La inseguridad no solo golpea a sus habitantes, sino que deteriora el turismo, ahuyenta inversiones y erosiona el tejido social.

El problema se ha convertido en un foco rojo que incomoda incluso al gobierno central, al exhibir los límites y contradicciones del proyecto político que gobierna la demarcación. La incapacidad para garantizar seguridad básica se ha vuelto el mayor pasivo de la administración de Circe Camacho.

Mientras el gobierno local insiste en discursos triunfalistas, los datos oficiales y la experiencia cotidiana de la gente cuentan otra historia: Xochimilco vive con miedo, y la inseguridad se ha convertido en la marca de un gobierno rebasado, ausente y sin resultados.

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