Por NOTICIASCD.MX

Ciudad de México, 23 de febrero de 2026. La paciencia se agotó en el Congreso de la Ciudad de México. En una capital asfixiada por el ruido, diputadas y diputados aprobaron un Punto de Acuerdo para exigir a la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México (SSC) que refuerce operativos y sancione el uso excesivo e injustificado del claxon.

El exhorto, impulsado por el diputado de Morena, Israel Moreno Rivera, no es menor: la Ciudad de México se ubica como la octava urbe más ruidosa del mundo, una condición que ya impacta la salud pública y la calidad de vida de millones de capitalinos.

Multas existen… pero no se aplican

El llamado del Congreso apunta a que la SSC haga cumplir los artículos 7 y 43 del Reglamento de Tránsito. La norma es clara:

  • Usar el claxon sin justificación o generar ruido excesivo con el motor implica multas de 586 a mil 170 pesos y un punto en la licencia.
  • Instalar o utilizar bocinas que produzcan ruido distinto al de fábrica puede costar entre 2 mil 930 y 3 mil 220 pesos.

Sin embargo, en calles saturadas por tráfico, transporte público estridente y unidades de carga que utilizan el claxon como forma de presión, las sanciones brillan por su ausencia. La contaminación sonora se ha normalizado.

Riesgo real para la salud

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el ruido superior a 65 decibeles ya se considera dañino; por encima de 75 decibeles es perjudicial y a partir de 120 resulta doloroso. En zonas de alto flujo vehicular en la capital, esos niveles se superan con facilidad.

El legislador advirtió que la exposición constante al ruido afecta especialmente a adultos mayores, niñas, niños y personas con discapacidad. El impacto no es solo auditivo: estrés crónico, alteraciones del sueño, irritabilidad y deterioro en la convivencia social son parte de las consecuencias.

Transporte público, foco rojo

El volumen de vehículos en la ciudad convierte al tránsito en la principal fuente de contaminación acústica. A ello se suman altavoces de alta potencia en microbuses y camiones que anuncian destinos para atraer pasaje, así como frenos y motores en mal estado.

El problema no es nuevo. Lo nuevo —y lo urgente— es que el Congreso reconoce que la autoridad encargada de vigilar el Reglamento no ha sido suficientemente firme.

¿Operativos reales o llamado simbólico?

El Punto de Acuerdo aprobado es un exhorto, no una reforma. La responsabilidad recae ahora en la SSC: desplegar operativos, aplicar multas y enviar un mensaje claro de que el claxon no es herramienta de desahogo ni arma de presión en el tráfico.

En una ciudad donde el ruido ya forma parte del paisaje cotidiano, la pregunta es directa: ¿habrá mano firme o el claxon seguirá imponiendo su ley?

Por Editor

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