Regresar al rojo no será visto como un triunfo para la administración sheinbaumpardista después de casi haber cantado victoria y declarar la pandemia controlada. Foto: Cortesía Gob CDMX
Regresar al rojo no será visto como un triunfo para la administración sheinbaumpardista después de casi haber cantado victoria y declarar la pandemia controlada. Foto: Cortesía Gob CDMX

Por: Enrique Serna / @esernamx

Al corte de este miércoles la cifra de fallecimientos en el país sumó 115 mil 769 casos por covid-19; de esos, la Ciudad de México aportó 19 mil 409, es decir, poco más de 16 por ciento.

La capital superó los peores niveles de mayo cuando se ubicaba en semáforo rojo, aún así, no se decide retomar ese nivel de alerta.

Más de uno se ha preguntado por qué se mantiene el semáforo naranja si cada vez se incrementan los casos, incluso se va contra la propia retórica morenista.

Pero regresar al rojo no será visto como un triunfo para la administración sheinbaumpardista después de casi haber cantado victoria y declarar la pandemia controlada; por el contrario será como aceptar que lo hecho al momento no ha servido de mucho, y para nadie es secreto que la cuatro te no acepta sus propios yerros y de inmediato busca a quien cargarle, literalmente, el muertito, y que a estas alturas ya son muchos.

Generalmente y según Sheinbaum, todos los males de la ciudad son culpa de Mancera, todos; pero en este caso no puede responsabilizar al ex mandatario de las muertes por Covid-19, la única responsable es ella por la tibieza con la que ha enfrentado la emergencia; aunque deben reconocerse los esfuerzos que hasta en momento ha hecho, a todas luces y desde todas las ópticas, son insuficientes.

Y esque no son pocos los que anticiparon que los efectos de la epidemia serían lamentables; desde el Vive Latino hasta el prolongado Buen Fin; pero como también es característica cuatroteista, sólo ellos creen ser dueños de la verdad y la razón, por lo que es difícil que escuchen una opinión contraria e incluso la califiquen como el producto del más arraigado odio contra los designios presidenciales.

Para muchos, si la mandataria chilanga tiene la mira puesta en 2024 tendrá que tomar su sana distancia del Palacio Nacional y tomar sus propias decisiones, de lo contrario tendrá una fuerte carga que superar.