Emilio Lozoya no cantará

Línea Fifí

 

Martín de J. Takagui

Después de varios meses de persecución y de haber sido ubicado y detenido en España, Emilio Lozoya Austin podría llegar este jueves a la Ciudad de México para ser procesado por un supuesto fraude en la compra de una plata de fertilizantes y por haber recibido un supuesto soborno por más de diez millones de dólares de parte de la empresa brasileña Odebrecht.

El hombre más perseguido por el gobierno de Andrés López Obrador finalmente será procesado por actos de corrupción y será la Fiscalía General de la República, la que lleve el caso para la acusación de quien será el primer pez gordo descubierto, acusado y extraditado en lo que ha sido el objetivo número uno de la administración morenista del país.

El tema de la corrupción fue, durante la campaña del presidente López Obrador y a lo largo del primer cuarto de su administración, una de las principales banderas, acabar con la corrupción del neoliberalismo que tanto ha dañado al país durante los últimos 30 años.

Con este “trofeo”, el presidente de México podrá tener un motivo para decir que está cumpliendo con su compromiso de acabar con la corrupción y castigar a quienes se beneficiaron de una supuesta corrupción que se alentó desde el gobierno y que utilizó para cumplir con objetivos electorales y oscuros.

El presidente de México logrará antes de las elecciones intermedias un objetivo importante para la imagen de su gobierno, y del cual se ha generado la expectativa de que podría destaparse toda una cloaca de corrupción que podría alcanzar a muchas otras personas que se beneficiaron de sus acciones ilegales.

De acuerdo con el pedimento de extradición del gobierno de México al de España, Lozoya Austin es acusado también de haber sido partícipe de un fraude por el monto de 280 millones de dólares por la compra de una planta de fertilizantes.

Todo ese dinero, de acuerdo con el proceso, pudo haberse utilizado también para sobornar, a su vez a decenas de personas, legisladores, dirigentes políticos y funcionarios, con el fin de alcanzar una de las reformas constitucionales más trascendentes e importantes en la administración de Enrique Peña Nieto, que fue la reforma energética.

Hay que mencionar que Lozoya pudo haber aceptado ser extraditado para ser procesado en México por esos delitos, debido a que su familia, entre ellos su madre, que fue detenida también y su esposa, así como su padre, han sido acosados de manera permanente para obligarlo a que diga quiénes fueron sus cómplices, por indicaciones de quien realizó esas acciones fuera de la ley.

Se ha dicho que Lozoya, a su llegada a México exhibirá 12 videos, con una duración global de 16 horas en las que se evidencia quiénes, además de él fueron partícipes de dichos fraudes.

Sin embargo, habrá que recordar que también existe un evidente pacto de impunidad entre el presidente López Obrador y el expresidente Peña Nieto, a quien en la actual administración no se le ha tocado ni con el pétalo de una acusación, por parte del gobierno, como lo ha hecho el presidente con empresarios, con funcionarios y toda clase de personas.

Por lo tanto, lo que pudiera salir de responsabilidades del expresidente mexiquense, no tendría repercusión, en lo absoluto, en los tribunales ni contra el de Atlacomulco, pues se encuentra perfectamente blindado.

Otro de los personajes que también ha sido cuestionado en su actuación y acusado de corrupción, fue el ahora occiso, Gerardo Ruiz Esparza, quien lamentablemente falleció hace algunas semanas y sobre quien podrían caer algunas de las responsabilidades, pero a quienes han perdido la vida solamente el juicio del tiempo.

En esas condiciones, Lozoya Austin podrá declarar sin problemas, involucrar a quien considere hacerlo, pero no habrá otro pez gordo por el caso Odebrecht, si llegara a hacer alguna negociación para convertirse en testigo protegido, sería un gran acierto y lograría, de alguna forma su libertad, sin necesidad de denunciar a nadie.

Al final de cuentas lo que importa hoy es que el presidente López Obrador cumpla con una de sus promesas de campaña de encarcelar, de procesar a los corruptos, pues también hay que recordar que, después del tema del huachicoleo en Pemex, hubo muchas acusaciones, pero ningún procesado.

Lozoya podría convertirse en una figura de chivo expiatorio, lo que López Obrador usará para hablar de que cumple con su compromiso de campaña de castigar a los corruptos del neoliberalismo.

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