Morena al rescate de sus alcaldes reprobados
Por HHR
CDMX, 10 mayo 2026.- Algo quedó claro esta semana en el Congreso capitalino: cuando la realidad no alcanza, Morena recurre al montaje político. La conferencia de los diputados guindas terminó convertida en una pasarela de rescate para dos de los personajes más cuestionados de la administración pública local: el alcalde de Álvaro Obregón, Javier López Casarín, y la alcaldesa de Azcapotzalco, Nancy Núñez Reséndiz.
Ambos llegaron cobijados por el discurso oficialista, intentando vender proyectos y cargos como si eso pudiera ocultar la creciente inconformidad ciudadana en sus demarcaciones.
Porque mientras en el micrófono hablan de “territorio y cercanía con la gente”, en las calles la percepción es otra: abandono, improvisación y gobiernos más preocupados por la propaganda que por resolver los problemas diarios.
Javier López Casarín presume ahora la presidencia de la AALMAC y habla de “gobiernos de territorio, no de escritorio”. El problema es que en Álvaro Obregón ni el territorio ni el escritorio parecen funcionar. La alcaldía sigue atrapada entre crisis de movilidad, inseguridad, obras deficientes y colonias enteras denunciando falta de atención. El alcalde se proyecta como operador nacional de Morena mientras en su propia casa los vecinos reclaman servicios básicos y resultados tangibles.
López Casarín parece más concentrado en la batalla partidista y en construir plataforma política personal que en gobernar una de las alcaldías con mayores contrastes y conflictos urbanos de la capital.
Y del otro lado aparece Nancy Núñez, celebrando con entusiasmo la inauguración de la primera Utopía en Azcapotzalco, como si un concierto de Lila Downs pudiera borrar meses de cuestionamientos vecinales por inseguridad, deterioro urbano y falta de respuestas concretas. Morena convirtió las Utopías en símbolo político-electoral y ahora las vende como solución mágica para todo, aunque la realidad cotidiana siga golpeando a los habitantes.
La alcaldesa asegura que “es impensable que un alcalde no quiera un proyecto así”. Lo verdaderamente impensable es que se quiera utilizar infraestructura pública como escudo mediático para maquillar una administración gris y sin identidad propia. En Azcapotzalco, muchos vecinos no están discutiendo si quieren conciertos o eventos masivos; están reclamando calles deterioradas, comercio irregular, servicios públicos deficientes y mayor seguridad.La escena en la conferencia morenista fue reveladora: diputados, alcaldes y operadores políticos aplaudiéndose entre sí mientras afuera crece el desgaste ciudadano. Morena entendió que varios de sus alcaldes comienzan a resentir el costo de gobernar y ahora necesita subirlos al templete, arroparlos y repetirles que todo va bien.
Pero la realidad no se corrige con conferencias ni con slogans reciclados.
Porque mientras Javier López Casarín habla de “territorios de paz”, en Álvaro Obregón la violencia y los conflictos vecinales siguen escalando. Y mientras Nancy Núñez presume “urbanismo social”, en Azcapotzalco persiste la sensación de que el gobierno local vive más pendiente de la narrativa de Clara Brugada que de las verdaderas urgencias de la demarcación.
Morena quiso usar la conferencia como operación cicatriz. Terminó exhibiendo que varios de sus gobiernos locales ya necesitan rescate político urgente.
















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