Mundial, cifras y realidades incómodas
Por HHR
CDMX, 16 junio 2026.- LaCiudad de México vive una paradoja que el gobierno capitalino no termina de resolver: presume una reducción de 33 por ciento en los delitos de alto impacto, pero la sensación de inseguridad persiste en las calles.
La explicación oficial es sencilla. Todos los días, a las 6:40 de la mañana, el Gabinete de Seguridad se reúne para evaluar cuadrantes, calles y sectores. La estrategia, aseguran, funciona. Los números, al menos los oficiales, les dan la razón.
Sin embargo, las cifras positivas chocan con una realidad que ningún informe mensual puede ocultar: cuatro integrantes de una familia asesinados en Azcapotzalco; 92 carpetas de investigación por robo de celulares en apenas unos días de Mundial; comerciantes del Centro Histórico con pérdidas económicas por el plantón de la CNTE; vecinos de la llamada “Última Milla” que no pudieron ingresar a sus hogares por fallas en los accesos digitales.
La capital presume ser la sede mundialista más exitosa del torneo, pero los hoteleros reportan ocupaciones muy por debajo de las expectativas. Mientras el gobierno habla de una fiesta global, los empresarios preguntan dónde están los turistas que llenarían restaurantes y habitaciones.
La inauguración del Mundial dejó una fotografía contrastante: medio millón de personas disfrutando del espectáculo, sí; pero también grupos violentos atacando policías, saqueos a comercios y una operación de seguridad obligada a contener incidentes que el discurso oficial minimiza como “menores”.
La jefa de Gobierno insiste en que la violencia no tiene cabida en la ciudad. El problema es que la violencia no necesita permiso para instalarse.
Las autoridades afirman que no investigan manifestantes, sino delitos. El matiz es importante y necesario en una democracia. Pero también es legítimo preguntarse quién organiza, financia o aprovecha estos episodios violentos que se repiten una y otra vez en eventos masivos.
La Ciudad de México aprobó su primer examen mundialista. Pero el verdadero reto apenas comienza.
Porque una cosa es administrar una fiesta de un día y otra muy distinta sostener, durante más de 40 jornadas, la movilidad, la seguridad y la convivencia de millones de personas sin afectar derechos, economía y vida cotidiana.
La capital quiere convertirse en un escaparate global.
El riesgo es que, detrás de las pantallas gigantes y las celebraciones multitudinarias, permanezcan intactos los problemas que las estadísticas no alcanzan a resolver.















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