Mototaxis, principal cadena de suministro de droga en la CDMX

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CDMX, a 03 de Agosto,2017.- La nueva modalidad de los mototaxis en el Sur de la Ciudad de México, es subir rápidamente a unos pasajeros, mientras otros alertan que la Policía está próxima; en los últimos días estos trabajadores han pasado a actuar de forma casi clandestina, en medio de acusaciones de que son cómplices de una red delictiva.

Al margen de la ley, aunque tolerados por las autoridades, los mototaxistas ejercían su trabajo con normalidad hasta la muerte de Felipe de Jesús Pérez, alias el Ojos y presunto líder del llamado cártel de Tláhuac, en referencia a la zona donde opera, en un choque con marinos.

El enfrentamiento puso en el punto de mira tanto al jefe de la demarcación de Tláhuac, Rigoberto Salgado, por su posible complicidad con el Ojos, como a los mototaxistas, acusados de ejercer como “halcones” (vigilantes) del grupo y ayudar en la distribución de la droga.

Una semana después de la muerte del Ojos, el Gobierno capitalino llevó a cabo un operativo en el que retuvo 70 unidades de mototaxis; una cifra simbólica de los más de 10.000 que trabajan en el sur de la ciudad, agrupadas en 34 organizaciones.

Actualmente, las mototaxis que operan lo hacen sin la calandria -remolque cubierto en el que viajan los pasajeros-, para evadir a las autoridades.

Los operativos continúan en Tláhuac y ya se extendieron a otras delegaciones como Xochimilco, donde el aumento de los controles de seguridad es perceptible y se puede ver a grupos de policías deteniendo a microbuses y registrando a los pasajeros de forma aleatoria.

El problema de los mototaxis “comienza desde la ilegalidad de su existencia”, el periodista y analista Héctor de Mauleón, haciendo referencia a que, en primer lugar, las asociaciones de estos vehículos deben pagar una cuota a la demarcación -“no fiscalizada”- para que les dejen operar de forma no regulada.

En otra de las bases, en la salida del metro Nopalera, varios mototaxistas animan a los clientes a subir a los vehículos, prometiendo mantener “el mismo precio” por viaje que cuando tenían calandrias: cinco pesos.

Allí, el líder de la Unión de Bicitaxis Arabella, José Varela, enseña documentación para demostrar que, desde hace años, el colectivo ha hecho intentos por regularizar su actividad, la cual era aceptada por la demarcación hasta que pasó a ser competencia de la Secretaría de Movilidad capitalina (Semovi).

“Nos sentimos perseguidos, como que esto es una cacería de brujas”, afirma José.

En relación con los señalamientos de que transportaban droga, esgrime que los mototaxistas no pueden saber qué llevan los pasajeros en sus bolsas, porque la revisión de estos bultos no es su “responsabilidad”

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