Una amenazadora sombra invisible, fantasmal, filosas garras, se cierne, oscureciendo muros y paredes, los 40 mil metros cuadrados, sobre los que se levanta el virreinal Palacio Nacional. No ocurría algo similar desde que germinó la perversa semilla del presidencialismo hace casi un siglo,1929 para ser exactos.
Demonios internos y externos atenazan a la presidenta de México, colocándola en vilo, como hoja al viento en una furiosa tempestad, echándola del poder: riesgo de una intervención de Estados Unidos contra los cárteles de la droga -como hizo el descerebrado de Donald Trum en Venezuela contra el mico de Nico Maduro-, más de la mitad del territorio nacional -un millón de kilómetros cuadrados- en manos de la delincuencia organizada, el tenebroso legado político del ex presidente Andrés Manuel López Obrador y crecimiento económico pírrico, similar al de hace siete años: 0.4%.
Por eso, la pregunta de una reportera afín al gobierno, que pareció anodina, fue un rayo que ensombreció la mirada de la mandataria de México. Un silente trueno de incertidumbre iluminó, fugaz, casi imperceptible, su rostro granítico, cadavérico, con una pátina de botox.
A sus 63 años, luchó contra un agudo sentimiento de desazón y orfandad que bailaba en su pensamiento. Pero pudo capotear la tormenta. Desde su juvenil ancianidad esbozo una sonrisa que fue patética. Incluso rió.
Ocurrió el 16 de enero, en el salón tesorería de Palacio Nacional ante medio centenar de reporteros, camarógrafos, fotógrafos y funcionarios gubernamentales. El teatral circo y la coreografía de siempre, desde hace más de siete años, donde se vislumbra una nación eternamente feliz.
Suele convertirse en comedia bufa.
Soltó la reportera:
“Hay una encuesta de una casa de apuestas que están promoviendo medios afines a la derecha y opositores, donde hacen una apuesta sobre su salida de la Presidencia. Esto, abonando a la narrativa de que Trump va a invadir nuestro país en los próximos días, y a favor del intervencionismo.
(Algo que no dijo la comunicadora, sobre todo después de la extracción de Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, por tropas estadounidenses, acusado de narcotráfico).
“¿Qué opina?”
Y amplió sus preguntas:
“Preguntarle a la Profeco si ¿están regulando este tipo de plataformas? Me parece que todavía no hay una regulación; saber ¿por qué?, si ¿en el futuro la va a haber?, porque, bueno, se apuesta con temas delicados del país, no solamente de…
“¿Apuesta, ahí?”, reviró desconcertada la presidenta.
“Apuesta, es una casa”, reiteró la comunicadora.
“¿Es una apuesta de una casa de bolsa?”, preguntó supuestamente confundida la mandataria porque en ninguna casa de bolsa en el mundo se hacen apuestas.
“¿Se regula eso? ¿A ver…?”, volvió a interrogar.
Agregó:
“Juegos y Sorteos es -Secretaría de- Gobernación”.
Para salir del brete cedió la palabra, “pero a ver qué le toca a la Profeco”, al responsable de la Procuraduría Federal del Consumidor, César Iván Escalante Ruiz.
Mientras hablaba el funcionario, en la cabeza de la presidente se quedó bailando, fantasmagórica, la apuesta sobre que podría dejar el cargo antes de que concluya su gestión.
Escalante, tras el atril y el micrófono, dio una explicación banal de la labor del organismo y que lo que tiene qué ver con casas de apuestas no es de su incumbencia.
Regresó la presidente al micrófono y lanzó con supuesta inocencia, desde su mariguana delgadez:
“Entonces, ¿cómo está la apuesta? ¿a ver?, platíquenme”.
Respondió la reportera:
“Es sobre su salida de la Presidencia”.
“¿Y es una plataforma digital?”, interrogó de nuevo Sheinbaum Pardo.
Explicó la periodista:
“Es una plataforma, es una página de apuestas que está promoviendo…”
La presidente interrumpió la explicación y advirtió, con los demonios de la desazón danzando en su cabeza:
“Famos a preguntarle a Gobernación”.
Y sugirió con una pátina de nerviosa sorna, en referencia al término de su sexenio:
“Pero que apuesten por septiembre 30… del 2030″.
Y soltó una carcajada que sonó impostada, nerviosa.
Siguió su sarcasmo:
“Seguro van a sacar más”.
Insistió la reportera son cizaña para congraciarse con la mandataria, cuyo barco navega en un tempestuoso mar de incertidumbre sobre su futuro y el del país, en el segundo sexenio consecutivo de un populismo de trasnochada izquierda, llamado Cuarta Transformación:
“Lo que llama la atención es que la promueven medios afines a la derecha”.
Secundó la presidenta con su predecible cantaleta:
“A la derecha. Pues sí… Es parte de la llamada de atención, pero no tiene, no nos preocupa”.
Según la inteligencia artificial, a mediados de enero de 2026, la plataforma de apuestas basada en criptomonedas Polymarket abrió mercados especulativos sobre la posible salida anticipada de Claudia Sheinbaum del poder. Desde antes de asumir el cargo, el 1 de septiembre de 2024, comenzaron a circular, en los corrillos políticos versiones, que no llegaría a septiembre de 2030, mediante un perverso entramado circense: supuestamente por cuestiones de salud y un teatral atentado. Con el partido en el poder nada resulta disparatado.
Es, además, un mercado estadounidense de predicciones, con sede en Manhattan, Nueva York. Lanzado en 2020, ofrece una plataforma donde se pueden realizar apuestas sobre eventos futuros, incluyendo indicadores económicos, patrones meteorológicos, conflictos bélicos, premios, resultados políticos y legislativos.
A diferencia de las casas de apuestas tradicionales, los participantes no apuestan contra la plataforma, sino entre ellos. Las probabilidades que se muestran representan el sentir agregado del mercado, basado en percepciones, noticias públicas y coyunturas mediáticas, y no constituyen análisis oficiales ni pronósticos institucionales.
Especialistas advierten que estos mercados deben interpretarse con cautela y no como indicadores reales de riesgo político o de decisiones gubernamentales en curso.
El diario El Economista informó que un apostador del mercado de predicciones Polymarket ganó 410 mil dólares con la caída del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
El interés por este mercado, agrega el periódico, se da tras la reciente detención de Maduro, y en medio de versiones sobre un endurecimiento de la postura de Estados Unidos hacia América Latina, particularmente en temas de seguridad y combate al narcotráfico.
Analistas han planteado hipótesis sobre la presión externa que enfrenta México, aunque no existe información oficial que apunte a un escenario de inestabilidad institucional.
Sin embargo, Sheinbaum, está en un laberinto, a 16 meses de haber asumido el poder. En los corrillos políticos se sabe quién es el poder tras el trono: López Obrador.
Desde las sombras el llamado “mesías macuspano” sigue manejando los delgados hilos del poder.
Horas después de la detención de Maduro, el ex presidente López Obrador, incumplió su palabra de no volver al escenario político después de concluida su gestión el septiembre de 2024.
Rompió su ayuno político.
Reapareció para condenar, inmolándose en sus propias palabras, la captura del ex presidente venezolano por fuerzas estadounidenses, calificándola de “secuestro” y criticando al presidente Trump, por lo que llamó un “prepotente atentado” contra la soberanía del país caribeño.
Aunque López había advertido que sólo volvería a la vida pública ante un intento de golpe de Estado o acoso político contra Sheinbaum Pardo, López dirigió un mensaje a Trump, acusándolo de actuar como “tiranía mundial”. Resulta curioso que el mismo López Obrador vislumbre el riesgo de que esté en peligro el cargo de la presidenta.
Y, como irredento filósofo del metro, advirtió al mandatario estadounidense:
“La efímera victoria de hoy puede ser la contundente derrota del mañana”.
Reiteró su respaldo a la presidenta y citó al Malamérito de las Américas, Benito Juárez:
“Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”. Trump se pasa por el Arco del Triunfo con las palabras de Juárez o usarlas de papel sanitario.
Más que un espaldarazo a Sheinbaum entre líneas subyace el riesgo de que, en efecto, no concluya su sexenio en la silla del águila. Fue una forma simbólica, quizá inconsciente, de enterrarla, por adelantado, bajo lápidas que significaron sus palabras.
Previamente había aparecido para anunciar la publicación de su veinteavo libro, Grandeza, narrativa que empequeñece la historia prehispánica: niega que haya habido sacrificios humanos. Nunca menciona que, también, ocurrió canibalismo.
Por eso, no es descabellado que se apueste por la cabeza de la presidenta.
Claudia está, irremisiblemente, en la encrucijada de su vida política.